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La Invitación

Actualizado: 17 may


Cuando la vida te llama a dar un paso más significativo hacia adelante, la invitación puede ser obvia o no tan obvia.


Puede llegar como presión. Una situación familiar, una decisión de negocio, una relación, una decisión profesional…


El llamado puede haber existido desde hace tiempo. Tal vez por años. Tal vez por la mayor parte de nuestras vidas.


Puede habernos estado pidiendo liberarnos de hábitos familiares heredados pero no elegidos, cuestionar relaciones que seguimos tolerando, revisar decisiones profesionales que tomamos desde el miedo, la lealtad, la supervivencia, la ambición o la necesidad de ser vistos de cierta manera.


Puede habernos estado pidiendo ser más honestos con nosotros mismos sobre lo que está funcionando, lo que no está funcionando, lo que realmente queremos y lo que ya no queremos seguir cargando.


Y para muchos de nosotros como hombres, también puede estar pidiéndonos enfrentar el miedo, la ira y la tristeza con suficiente honestidad para encontrar paz con ellos, mientras también hacemos espacio para que el amor, la alegría y la sorpresa regresen.


Estas invitaciones no son fáciles, porque dar un paso significativo hacia adelante nos pide algo real. Nos pide honestidad en presencia del miedo. Nos pide humildad cuando todavía no tenemos todas las respuestas. Nos pide una fuerza arraigada que pueda mantenerse firme, discernir y ser honesta mientras avanzamos. A veces, dar un paso hacia adelante significa tener la conversación, tomar la decisión o finalmente decirte a ti mismo la verdad que has estado evitando.


Y mi favorito personal, a veces dar un paso hacia adelante significa no hacer nada por un momento. Dejar que la gravedad tome su lugar. Dejar que la realidad se desenvuelva. Permitir que el momento se revele antes de buscar una respuesta. Dar espacio para que algo se caiga si ya no puede seguir siendo cargado. Dejar que lo que no puede quedarse complete su propia partida.


Moverse a la velocidad de la realidad en lugar de a la velocidad de nuestro miedo.


Luego viene el prestar atención. Porque lo que permanece después de que la realidad ha tenido espacio para hablar puede ser precisamente aquello con lo que te corresponde dar el paso hacia adelante. Esa es una clase distinta de fuerza. Más callada. Menos performativa. Más arraigada.


Creo que eso es lo que sigo aprendiendo. La vida seguirá pidiéndonos dar pasos hacia adelante, no solo en los momentos obvios, sino también en los silenciosos.


La pregunta es si seguiremos enfrentando la vida como siempre, o si permitiremos que el momento llame más de nosotros hacia adelante.


My Auténtico Self™

 
 
 

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