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Sanar

Salí ayer del hospital después de una operación de hernia y pasé el día descansando en casa de mi abogado. Hoy empieza la verdadera recuperación mientras regreso a El Huizachal, el rancho que ha sido una parte tan importante de la vida de mi familia.


Mi abogado también es un querido amigo, y normalmente tenemos un cierto ritmo cuando estoy aquí. Él atiende su práctica legal y su ranja. Yo llego con cosas que atender en el rancho y en la propiedad de la ciudad. Nos ponemos en movimiento, comparamos notas, resolvemos cosas, y una cosa lleva a la otra.


Pero esta vez es diferente. Mientras él sigue moviéndose a su ritmo normal, yo estoy consciente de que no puedo ni debo intentar igualar esa energía en este momento. Mi cuerpo me está pidiendo que baje el ritmo, aun cuando las personas a mi alrededor siguen en movimiento.


Con la ayuda de la familia, identifiqué a algunas personas que podrían quedarse conmigo unos días y ayudarme con la comida, la limpieza, los cuidados básicos después de la cirugía y, sobre todo, asegurarse de que no intente hacer más de lo que mi cuerpo está listo para hacer. Incluso escoger a la persona adecuada se convirtió en parte de cuidarme. Durante la recuperación, no se trata solamente de tareas. También se trata de si la presencia de alguien se siente lo suficientemente estable y tranquila para el espacio que el cuerpo necesita para sanar.


La persona que elegí había sido la primera opción desde el principio. Se escuchaba tranquila, sencilla y con los pies en la tierra. En un momento, ofreció traer su propio molcajete para hacer salsa. Ese pequeño detalle me llevó de regreso a los recuerdos de mi abuela en el rancho.


Esta mañana voy a recoger a Aurelia, llevarla al mercado y después dirigirnos al rancho. Tendré que resistir el impulso de caminar por la tienda con ella, cargar bolsas, tomar decisiones y actuar como si no me estuviera recuperando de una cirugía. Incluso salir del hospital me recordó eso. El alta tomó un buen rato, quizá algo muy de México o quizá algo universal de los hospitales, y ahí estaba yo con una bolsa llena de libros, mi agenda, audífonos, artículos de aseo y otras cosas que probablemente no debería haber estado cargando.


También necesito posponer una visita que tenía planeada de uno de mis primos a El Huizachal el domingo. Normalmente, me gustaría recibirlo, enseñarle la casa, preparar café, ofrecer comida y hacer que la visita fuera significativa. Pero esta semana, cuidarme significa no recibir visitas ni convertir la recuperación en otra responsabilidad.


Esta semana, cuidarme se verá ordinario: caminatas cortas, no cargar nada, teléfono, laptop, café, agua, comida sencilla, descanso y escuchar lo que mi cuerpo me está diciendo.


Muchos aprendemos a pasar por encima del cuerpo en nombre de la responsabilidad. Seguimos adelante porque siempre hay algo que atender. Pero a veces la responsabilidad es mucho más silenciosa que eso. A veces empieza con escuchar, y con aceptar que el cuerpo también tiene voz.


Mi cuerpo me está trayendo de regreso al momento presente, no como una idea, sino como realidad. Esta no es la realidad que yo había planeado, pero es la realidad que está aquí.


Lo que esta realidad pide en este momento es simple: bajar el ritmo, recibir ayuda, posponer lo que puede esperar y estar lo suficientemente presente para sanar.


My Auténtico Self™

 
 
 

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