Respirar Otra Vez
- Gustavo Lira
- hace 3 días
- 2 Min. de lectura

Iba manejando de regreso a El Huizachal desde Querétaro después de visitar a mi prima, a su esposo y a sus hijas, y noté algo sencillo pero significativo.
Hay relaciones que lo dejan a uno sintiéndose más ligero.
No porque la vida sea sencilla. No porque todo sea perfecto. Sino porque la conexión misma tiene facilidad y comodidad.
La conversación puede ir a cualquier parte. Podemos hablar de cosas ordinarias, de dinámicas familiares, de recuerdos de la infancia, de lo que está pasando en México, de lo que está pasando en Estados Unidos, y de quienes sus hijas se están convirtiendo.
Estar con mis sobrinas es refrescante. Simplemente sentarme con ellas como personas con sus propias vidas, ideas, amistades, preguntas, planes e historias.
Una habló de una salida reciente con amigas. La otra compartió un proyecto tipo Shark Tank en el que estaba trabajando. Hablamos de posibilidades, y de las cosas que los jóvenes están cargando e imaginando para sí mismos.
Y con su esposo, la conversación se movió hacia la evolución continua de la inteligencia artificial en el lugar de trabajo, lo rápido que están cambiando las cosas, y lo que eso puede significar para las personas, las organizaciones, el criterio, la confianza y, al final, quién va a liderar: las máquinas o los seres humanos.
Eso es lo que aprecio de ciertas relaciones.
Tienen amplitud.
La conversación puede moverse de recuerdos de infancia a temas de familia, de la risa a la reflexión seria, de sobrinas creciendo y convirtiéndose en sí mismas al futuro del trabajo.
Hay historia. Hay cariño. Hay suficiente confianza para que la conversación se estire más allá de la superficie habitual sin tener que forzarla.
Ese tipo de conexión refresca.
Me recuerda cuánto nos moldean los espacios en los que entramos y las personas con quienes pasamos tiempo. Cómo algunos espacios requieren más esfuerzo de nosotros. Cómo algunos espacios nos permiten sentirnos más centrados, más abiertos y más nosotros mismos.
En el liderazgo, en la amistad, en la familia y en la vida, eso importa.
Muchas veces medimos las relaciones por la historia, la lealtad, la cercanía o la obligación familiar. Pero también hay otra medida: cómo nos sentimos después de estar con alguien.
¿Nos sentimos más tensos o más centrados?
¿Nos sentimos más pequeños o más nosotros mismos?
¿Nos sentimos agotados o restaurados?
Al manejar de regreso por la tierra, sentí gratitud por las personas que hacen que la conversación se sienta amplia. Las personas que pueden reír con nosotros, recordar con nosotros, pensar con nosotros, retarnos, y dejarnos ser humanos sin complicarlo todo.
A veces las relaciones más valiosas no son las más ruidosas ni las más exigentes.
Son las que nos ayudan a respirar otra vez.
My Auténtico Self™



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