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Lo Familiar y Honor


Acabo de entrar manejando a México por una carretera que he conocido toda mi vida.


Mi padre me enseñó a manejar cuando tenía 11 años, y para cuando tenía catorce, yo ya le ayudaba a hacer el largo viaje hacia el sur cuando él necesitaba descansar.


Bajábamos por Missouri, Tulsa, las autopistas de cuota de Oklahoma, Dallas, Laredo, Monterrey, Saltillo, Matehuala, San Luis Potosí, Querétaro, y eventualmente hacia su tierra, ahora mi tierra.


En aquel entonces, muchas de las carreteras en México todavía eran de dos carriles, donde tenías que poner atención, esperar el momento correcto, y rebasar un carro o camión más lento solamente cuando la carretera lo permitía.


En ese momento, pensé que simplemente estaba aprendiendo a manejar.


Ahora, todos estos años después, puedo ver que también estaba aprendiendo a cargar responsabilidad, a leer el camino frente a mí, y a abrirme paso entre dos países que han moldeado quien soy.


Esta vez, estoy regresando manejando no solo con recuerdos, sino con responsabilidades que ahora me pertenecen.


Familia. Tierra. Bienes. Decisiones. Stewardship.


Y también estoy regresando para construir un tributo para mis padres, un nicho, para que sus cenizas puedan descansar en nuestra tierra, que todavía lleva tanto de la historia de nuestra familia.


Hay algo que humilla y honra al manejar por una carretera por la que tu padre alguna vez te guió, y darte cuenta de que, en algún punto del camino, tú te convertiste en la persona a quien se le ha confiado lo que sigue.


La carretera es familiar.


El honor es profundo.


My Auténtico Self™

 
 
 

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