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Las Personas Que Amamos

Hoy mi papá habría cumplido 90 años.


Pasé parte del día en nuestra propiedad en México, El Huizachal, pensando en él y sintiendo cuánto de él todavía vive ahí. Ese es él en la etiqueta, sentado debajo de un huizache, en la tierra que tanto amó.


Hace varios años mandé hacer unas botellas con etiquetas personalizadas de la propiedad. Técnicamente, por el lugar y la manera en que se elabora este destilado, ahí se le conoce como destilado de agave, no tequila. Aprecio esa distinción porque honra las tradiciones, las regiones y los nombres que tienen significado en México.


Hoy llevé una de esas botellas a la pequeña destilería que está apenas a un par de parcelas de distancia y les pedí que me la rellenaran con destilado de agave blanco.


Fue algo muy sencillo de hacer, pero por dentro no se sintió sencillo.


Estar en la propiedad hoy fue tierno. Mi papá amaba esa tierra. Algo le pasaba cuando estaba ahí. En espíritu, parecía quitarse 20 o 30 años de encima. Le regresaba la energía. Podía estar arreglando un poste de cerca, caminando la propiedad, revisando algo, imaginando algo, o simplemente parado ahí, contemplando todo, pero esa tierra parecía regresarlo a sí mismo.


Lo mantenía joven.


Y hoy, estar ahí me recordó cuánto siguen viviendo las personas que amamos en los lugares que ellas amaron.


Estas son las cosas que importan para mí: la familia, las personas que amamos, las personas que nos aman, los lugares que guardan nuestras historias, los recuerdos que todavía respiran, y el legado que se nos entrega, no solo en propiedades o posesiones, sino en responsabilidad, cariño, presencia y en las formas silenciosas en que continuamos lo que otros comenzaron.


Efraín, el maestro que construyó la casa para mí hace unos doce años, va a construir un pequeño tributo para mis padres en la propiedad. Él también quería mucho a mi papá, y su esposa también. Juntos escogimos el lugar.


Estará al sur de la casa, entre dos jacarandas pequeñas que apenas están empezando a echar raíz y crecer, lo suficientemente cerca como para seguir viendo la casa.


A finales de año llevaré las cenizas de mis padres a México, y serán colocadas ahí, en el tributo. La familia se reunirá y los recordaremos a los dos. Honraremos la vida que vivieron, el amor que dieron y el legado que continúa a través de nosotros.


Arriba incluyo una representación de cómo se verá el tributo, junto con otras fotos de la propiedad y de las jacarandas jóvenes que empiezan a echar raíz ahí.


Y me imagino que todos tenemos algo así: una persona, un lugar, un recuerdo, una responsabilidad, algo que mantiene encendido el fuego por dentro. Algo que nos trae una lágrima a los ojos, o nos hace pausar, aclararnos la garganta, tomar un sorbo y recordar lo que es sagrado.


My Auténtico Self™

 
 
 

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