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¿Con Los Ojos Abiertos O Cerrados?


Camino a Celaya, y después a León, me detuve en una gasolinera en Apaseo.


Tenía puntadas de una operación reciente de hernia, un proyecto de propiedad comercial en la mente, y más tarde ese día iba a ver a un amigo cercano e inversionista que me ha estado dando consejos sobre la propiedad. Era uno de esos días con muchas piezas en movimiento, pero estaba tratando de no pasar por encima del día mismo.


Ahí fue cuando conocí a Adelina.


Ella era la despachadora de gasolina. Noté el tatuaje de una brújula en su brazo y le pregunté cuánto tiempo tenía con él. Me dijo que siete años. Dijo que nunca pensó que se haría un tatuaje, pero algo pasó en su vida que la hizo querer marcar dirección.


Para ella, la brújula tenía que ver con sus cuatro hijos. Dondequiera que estén en el mundo, su corazón está con ellos. Y si alguno de ellos algún día la necesita, ella irá en la dirección que tenga que ir. Norte, sur, este u oeste.


Esa pequeña pregunta abrió la puerta.


Me contó de su esposo de La Luisiana, del apellido Horta, y de su familia extendida en Oaxaca. Luego sacó su teléfono y me mostró fotos de su nieta, probablemente de unos tres años, en medio de ese hermoso caos que solo una niña pequeña puede crear.


Adelina se reía mientras me las mostraba. Se le sentía el orgullo.


Después me miró y me dijo que yo parecía sacerdote o predicador. Me reí y le dije: “A mí ni me dejan entrar a las iglesias.”


Fue juguetón, humano, ordinario y bonito.


Cuando me fui, me dijo: “Qué bonito fue platicar con usted.”


Eso se me quedó.


A menudo abro conversaciones con personas que no conozco de esta manera:


“¿Cómo amaneció? ¿Con los ojos abiertos o cerrados?”


La gente normalmente contesta de una forma u otra. La mejor respuesta que he recibido fue: “Con un ojo abierto y uno cerrado.” Todavía me río de esa.


Debajo del humor, hay algo que sigo aprendiendo.


La presencia no es pasiva. La presencia es la forma en que notamos lo que realmente está ocurriendo. Con curiosidad. No lo que estamos tratando de manejar. No aquello por lo que vamos pasando de prisa.


En el liderazgo, muchas veces nos movemos rápido. Buscamos la tarea, el riesgo, la decisión, el resultado.


Todo eso importa.


Pero a veces dejamos de ver a la persona que tenemos enfrente. Perdemos la apertura humana. Perdemos la confianza que aparece cuando alguien se siente visto en lugar de insignificante o manejado.


A veces la presencia revela más que la estrategia.


Un encuentro pequeño, pero no un momento pequeño.


A veces el liderazgo empieza con algo tan sencillo como notar a la persona que tenemos enfrente.


My Auténtico Self™

 
 
 

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