Apreciando
- Gustavo Lira
- 5 may
- 2 Min. de lectura

Ayer venía volando de Phoenix, de regreso a casa en Michigan, cuando mi compadre me mencionó que mi ahijada tenía un Día de Abuelos y Personas VIP en su escuela al día siguiente.
Hoy.
La vida se había puesto ocupada, y él había querido avisarme antes.
Así que fue algo de último momento.
Aterricé, pasé la noche en Chicago, y esta mañana me fui a su escuela.
El día empezó con Misa, luego con presentaciones de niños emocionados, y después con tiempo en los salones, acompañados por abuelos y personas VIP muy orgullosos.
Mi ahijada me enseñó sus proyectos.
Me presentó a algunos de sus compañeros.
Caminó conmigo por los pasillos para enseñarme sus trabajos colgados en las paredes.
Me llevó a conocer la nueva biblioteca y el salón de música.
Y en algún momento, se puso mi sombrero y lo llevó con mucho orgullo mientras caminábamos por la escuela.
Sé que le alegró el día.
Pero la verdad es que ella alegró el mío.
Me sentí como una persona VIP.
No por algo impresionante.
Sino porque pude estar presente para alguien que quiero.
Pude apreciarla.
Pude hacerle saber que ella importaba.
Y tal vez esa sea una de las responsabilidades silenciosas del amor y la comunidad.
Hacer que las personas cercanas a nosotros se sientan vistas.
Dejar que sus proyectos importen.
Sus salones.
Sus historias.
Su emoción.
Su presencia.
A veces el legado no se construye en talleres.
A veces se construye llegando un viernes por la mañana.
Caminando por el pasillo de una escuela.
Dejando que una niña use tu sombrero.
Llevándole una pequeña tortuguita de peluche del aeropuerto de Phoenix.
Y asegurándote de que ella sepa:
Tú importas para mí.
My Auténtico Self™



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