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“Diez Libras Menos, La Próxima Vez.”


Lo agendamos temprano—antes del movimiento, antes de que llegaran los demás barberos y clientes.


El local apenas despertando.


La mesa de billar, a un lado, ya estaba lista, con los tacos alineados para quien tuviera que esperar.


De fondo sonaba With a Little Help from My Friends de The Beatles mientras me quitaba el abrigo y caminaba hacia la silla.


Hablamos de nuestras preocupaciones y de mantenernos con los pies en la tierra. Tranquilos y activos.


Hablamos de los hijos ya grandes encontrando su camino—los tres de él, el mío avanzando y dejando su huella.


Me gustó cómo hablaba en metáforas.


Con una risa un poco apenada, compartió que a veces puede ayudar a alguien a bajarse del borde…

pero aun así le cuesta darse el empujón para cruzar la calle él mismo.


Hablamos de mantenernos saludables y de comer mejor en un mundo hecho para lo rápido y las porciones exageradas.


Yo compartí que camino entre cinco y seis millas al día y mantengo una rutina sencilla de lagartijas para mantenerme en forma—una estrategia personal que a mí me funciona.


Nos deseamos lo mejor mientras pagaba el corte y el rasurado con navaja.


Al salir al frío, me dijo:


“Diez libras menos, la próxima vez.”


Sin esfuerzo. Sin presión. Con determinación.


Solo un hombre nombrando en voz alta una versión futura de sí mismo—frente a otro hombre.


Y otro hombre viéndolo. Siendo testigo de esa visión.


Son esos momentos de conexión los que hacen que el día se sienta más ligero y fluido.


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